miércoles, 25 de abril de 2018

Punta Querandí - Monumento a la Yaguareté. 2









Escultura para punta Querandi. Representa una yaguarete preñada que cuida a la madre tierra. 

Es una escultura que tiene varios aspectos:
1 simboliza a una entidad sagrada en muchas culturas.
2. Homenajea a la femineidad pues es una hembra preñada y, por lo tanto, lleva el futuro.
3. La esfera enterrada es la madre tierra. Su parte enterrada es su Historia y todos nuestros ancestros, la parte externa es el presente lleno de vida.
Este es un trabajo de gente de Don Torcuato, un equipo, personas que quieren participar en algo que consideran justo.
Pensar que en ese lugar se encontraron restos humanos de 1070 años, e incluso una desaparecida, y allí quieren hacer un barrio..
Además encontraron restos de un yaguarete, no se si el único en todo tigre!
Un lugar para respetar: Punta Querandí.
Lic. José Luis Gómez

martes, 24 de abril de 2018

Malcomidos.

De revista citrica

“El supermercado es el peor lugar para comprar comida”


20 de abril de 2018

Maxi Goldschmidt
Con Malcomidos investigó en profundidad la industria alimentaria. Ahora Soledad Barruti prepara un segundo libro sobre la relación de esa industria -cada vez en menos manos- con las nuevas generaciones de todo el continente.
Resultado de imagen para soledad barruti
Escribió un librazo. Hay quienes piensan que sólo trata de lo que comemos o deberíamos comer. Pero Malcomidos es mucho más: una minuciosa investigación al interior de la industria alimentaria, a las formas productivas impuestas y a los acuerdos políticos que no reparan en las necesidades de las personas.
Ahora Soledad Barruti está terminando otro libro. Se publicará en agosto y va más allá: la relación de esa industria con las nuevas generaciones de Latinoamérica. “Hay una región que está viviendo el mismo proceso de conversión de su cultura alimentaria hacia una cultura de supermercado cada vez más rotunda. Trata de eso, de entender qué es lo que le estamos dejando a los chicos”.
¿Vos lograste hacer el cambio, ya no vas al supermercado?
No, salvo que me quede sin piedritas para el gato o papel higiénico. Cuando empezás a entender el sistema no vas más. Todo es así. Hasta la pasta de dientes...Cuando leés qué tienen, no solo que no hace falta comprar Colgate, sino que no está nada bueno comprar eso. Todo está hecho para que, con la menor inversión posible, tengan la mayor ganancia. Con ingredientes malísimos, la mayoría compuestos químicos para hacerte creer que estás llevando eso que dice el envase. Te venden todo el tiempo cualquier cosa. Y la gente se pone detergente en el pelo y cree que eso le va a dar vuelo. No es verdad que no hay opciones. Hay, y buenísimas y naturales.
A veces el ritmo de la ciudad hace difícil esa búsqueda.
No, hay que dar el saltito y está todo ahí. Yo de verdad que nunca más tuve que entrar a un supermercado.
¿Ese sería un primer paso?
Sí, el supermercado es el peor escenario posible para adquirir comida. El primer paso para cualquier cosa. Para salir de la alienación, para ser feliz, para darte cuenta de que eso no está bien. ¿Pero después qué hacés? Obviamente las personas, en la desesperación por el precio, lo primero que hacen es buscar precios más baratos. Pero eso no te libera de un montón de otros problemas que trae esa comida. Se necesita que haya cierta ética alrededor de la comida, cierta proyección de algo mejor. Por ejemplo, yendo al Mercado Central, seguro que vas a comprar más barato, y te das cuenta lo que te están estafando los dueños de Carrefour. Pero en el Mercado Central también están estafando al productor, al laburante. Hay una gran estafa permanente en el campo, en la que uno buscando solo el precio, es inevitablemente cómplice.
Y además seguimos comiendo mierda.
Y sí, si comprás un maple de huevos a 30 pesos...Porque existe ese precio, ¿pero cómo se produjeron esos huevos? ¿Cuál es el verdadero precio de esos huevos? Se ve cada vez que se hace una investigación puntual sobre el tema. Detrás de esos huevos hay personas esclavizadas, gran cantidad de animales hacinados, gran cantidad de agroquímicos para controlar esos animales, a los que se les da una comida de mierda. Termina resultando en un huevo de mierda. Y todo eso está alrededor del precio. Obviamente estamos en un país con un 40 por ciento de pobreza y hay un montón de personas que no pueden salir de eso, o que ni siquiera pueden acceder a esos huevos. Acceden a la harina, al aceite, al azúcar y con eso hacen magia. Pero también ahora al haber más información sobre los ingredientes, cuando vas a los barrios empezás a ver otros tipos de organización ...
¿Cómo cuáles?
El armado de huertas, por ejemplo. La mayoría son personas que vienen de saber trabajar la tierra, y no tienen cortados los vínculos con eso. Pueden utilizar sus recursos para generar una realidad diferente. Hay huertas super interesantes en las villas, un montón. Todas esas cosas son mejores. Y después cooperativas de trabajo, como Iriarte Verde y tantas otras, que apuestan a otra forma de economía. Lo que están planteando es “no paguemos salarios de miseria y no pidamos precios de miseria para nuestros productos”. Tenemos la responsabilidad de pensar dietas alrededor de nuestro sistema ético y preguntarnos: ¿Se puede comer carne todos los días y buscar el mejor precio?. La respuestas es no. Por eso hay que pensar menúes diferentes. Es posible si salís del supermercado y dejás de comprar galletitas. La balanza económica en ese sentido empieza a cambiar: lo que pasa es que estamos presos de una dieta que no está buena, y que es cara.
Y a su vez alimentamos un negocio cada vez en menos manos.
La concentración empresaria, el gran conglomerado corporativo se da en todos los niveles que tocan nuestra alimentación. Vos tenés diez grandes marcas que manejan el consumo en góndolas, y tres semilleras que concentran el negocio de agroquímicos y de semillas. Se fueron concentrando. Antes eran diez, ahora son tres. Cuando saqué el libro era Monsanto y Bayer, ahora son Monsanto-Bayer. Estaba Syngenta y ChemChina, ahora son ChemChina-Syngenta. Se van juntando, y lo más probable que algún día sean solamente una. Y cuando más salvada esa corporación, más monstruo se vuelve.
Y más violento.
Cada vez más, y uno ve que el sistema se instala sin que haya ningún tipo de problema. Por ejemplo, el asesinato de líderes y activistas tierra adentro, en Latinoamérica. Van matando a 120 por año. Solamente en Amazonas, en Brasil, matan a 90 personas por año. Son indígenas y campesinos que se quieren quedar en defensa de  su territorio. Y cuando los matan, los corren. ¿Y quiénes aparecen después? Las mineras, las petroleras y sobre todo el agronegocio. Está requetecontra comprobado que cuando la tierra cambia de manos, perdemos todos. Y hay pocas herramientas para defender eso. Que la defensa caiga solamente en ONG, tampoco es una opción. La mayoría de las grandes ONGs también termina haciendo acuerdos con las grandes empresas. Entonces cuando mirás ese escenario, es muy triste. Hay un pueblo en Córdoba (Colazo) que se lo está tragando el suelo. Se está derritiendo porque es tanta la cantidad de soja y cómo cambiaron las napas de agua. Es terrible... Y después entrás a un supermercado y ves que la gente está anestesiada, no lo ven.
En Malcomidos se ve cómo, más allá de muchas políticas progresistas, el kirchnerismo no hizo más que profundizar el modelo del agronegocio. Ahora, encima, está Etchevehere al frente del ministerio de Agroindustria...
Es un subrayado de los mismo. La idea de que el desarrollo impone un modelo productivo es absolutamente errada y suicida, pero es el modelo que tienen todos los gobiernos de la región. Hasta el de Evo. Vas a Bolivia y te dicen que no hay soja transgénica, pero yo volé en varios avioncitos y ves hectáreas y hectáreas de soja. Y no pararon de deforestar, por eso ahora se inunda todo el norte. Y andás por los pueblos y la comida es riquísima pero lo que come la gente es el mismo pollo de mierda, industrial. Con la misma papa, la misma Coca Cola. Está esa idea de que solamente la industria y el agronegocio da trabajo y que lo otro es un retroceso. Y que somos países en vías de desarrollo permanente y que el desarrollo se consigue por esos medios. Hay gente que dentro de ese discurso puede parecer un poco menos siniestra, y gente como Etchevehere, que decís, “ah bue, pusieron al Guasón”. Lo que sí por lo menos es más evidente. Lo que pasaba con el kirchnerismo es que había un montón de buenas almas confundidísimas.
¿A qué te referís?
No entendían. Por ejemplo yo fui a un montón de medios y en todos, todo bien, pero en el único lugar donde me bajaron tres veces fue en Canal 7. Estaba invitada en un programa y alguien llamó y me tuve que ir. Estuve en Canal 13, en Metro -incluso auspiciada por Monsanto-, y en en cantidad de canales, pero en Canal 7, durante el kirchnerismo, era imposible hablar de determinadas cosas, como por ejemplo del agronegocio.
¿Cuánto tienen que ver los medios en que no se hable de lo que hay que hablar en cuanto al sistema alimentario?
Por un lado obviamente está la conveniencia comercial de contar una sola manera de desarrollar negocios alrededor de la producción de alimentos y todo lo que es nuestra alimentación. Eso está y es evidente, están los suplementos de agronegocios de los diarios, están las marcas como espónsors de los espacios periodísticos. Pero es una lectura un poco parcial. Porque eso son los medios, pero después están los periodistas, que somos individuos que, la gran mayoría nos gusta nuestra profesión, nos gusta lo que hacemos, y en ese sentido lo que fui encontrando a medida que avanzaba en la comunicación del trabajo que había hecho, fue al contrario. Una apertura enorme, en diferentes espacios y una gran recepción. Obviamente gente negada hay en todos lados, que no se interesa por el tema y que prefiere quedarse con la versión Cormillot de la vida.
¿Qué sería la versión Cormillot de la vida?
La comida con calorías, que no hay otra manera de darle de comer al mundo que ésta, sino la gente se moriría de hambre. Toda esa gran versión mentirosa que nos hace creer que no hay otra salida está instalada en muchas personas.
¿En la región hay políticas públicas para bajar el consumo en supermercados o comer realmente mejor?
De comunicación sí. En Brasil, en Chile están haciendo un montón desde el Ministerio de Salud. Chile hizo todo un sistema de sellos para rotular la comida y explicar a la población que tenía la comida ultraprocesada. Brasil hizo dietas alimentarias que rigen políticas públicas que buscan desalentar a las personas que vayan a los supermercados y pidiendo que vayan a los mercados. También es interesante el plan de compras a cooperativas en San Pablo, que el mismo gobierno se vuelve comprador y le da privilegios a los que estén produciendo con agroecología u orgánicos. Y esa es la comida para los comedores de los colegios. Todo eso está. Pero a su vez, en Chile al mismo tiempo las salmoneras son megafuertas, las mineras son megafuertes. En Brasil el agronegocio ni hablar. Se están comiendo toda la selva y están haciendo estragos.

RAFAEL NAHUEL, EL CRIMEN "INVISIBLE"
“Los pueblos originarios son la reserva que nos queda. La reserva de conocimientos, de semillas, de todo”, dice Soledad Barruti con cierta resignación, justamente por ver cómo se los trata en nuestro país: “Es como si no existieran, no les importa a nadie. Santiago Maldonado era blanco y todos estaban ahí. Y si bien se pueden tener dudas y hasta se puede hablar de pruebas, de grieta y de un montón de cosas, lo cierto es que cuando mataron a Rafael Nahuel de un tiro en la espalda -que es todavía más siniestro, porque está toda la prueba ahí-, no hubo una marcha, nadie se concentró, no fue Trend Topic en Twitter. No pasó nada. Se acuerda Darío Aranda, que es un periodista incansable en estos temas, diez más, y la izquierda cada tanto. Y ya está. Es una crisis de sentido. Hay una invisibilización importante todo el tiempo”.
Fotos: Nicolás Cardello.
Click en la foto para ver galería
Escribió un librazo. Hay quienes piensan que sólo trata de lo que comemos o deberíamos comer. Pero Malcomidos es mucho más: una minuciosa investigación al interior de la industria alimentaria, a las formas productivas impuestas y a los acuerdos políticos que no reparan en las necesidades de las personas.
Ahora Soledad Barruti está terminando otro libro. Se publicará en agosto y va más allá: la relación de esa industria con las nuevas generaciones de Latinoamérica. “Hay una región que está viviendo el mismo proceso de conversión de su cultura alimentaria hacia una cultura de supermercado cada vez más rotunda. Trata de eso, de entender qué es lo que le estamos dejando a los chicos”.
¿Vos lograste hacer el cambio, ya no vas al supermercado?
No, salvo que me quede sin piedritas para el gato o papel higiénico. Cuando empezás a entender el sistema no vas más. Todo es así. Hasta la pasta de dientes...Cuando leés qué tienen, no solo que no hace falta comprar Colgate, sino que no está nada bueno comprar eso. Todo está hecho para que, con la menor inversión posible, tengan la mayor ganancia. Con ingredientes malísimos, la mayoría compuestos químicos para hacerte creer que estás llevando eso que dice el envase. Te venden todo el tiempo cualquier cosa. Y la gente se pone detergente en el pelo y cree que eso le va a dar vuelo. No es verdad que no hay opciones. Hay, y buenísimas y naturales.
A veces el ritmo de la ciudad hace difícil esa búsqueda.
No, hay que dar el saltito y está todo ahí. Yo de verdad que nunca más tuve que entrar a un supermercado.
¿Ese sería un primer paso?
Sí, el supermercado es el peor escenario posible para adquirir comida. El primer paso para cualquier cosa. Para salir de la alienación, para ser feliz, para darte cuenta de que eso no está bien. ¿Pero después qué hacés? Obviamente las personas, en la desesperación por el precio, lo primero que hacen es buscar precios más baratos. Pero eso no te libera de un montón de otros problemas que trae esa comida. Se necesita que haya cierta ética alrededor de la comida, cierta proyección de algo mejor. Por ejemplo, yendo al Mercado Central, seguro que vas a comprar más barato, y te das cuenta lo que te están estafando los dueños de Carrefour. Pero en el Mercado Central también están estafando al productor, al laburante. Hay una gran estafa permanente en el campo, en la que uno buscando solo el precio, es inevitablemente cómplice.
Y además seguimos comiendo mierda.
Y sí, si comprás un maple de huevos a 30 pesos...Porque existe ese precio, ¿pero cómo se produjeron esos huevos? ¿Cuál es el verdadero precio de esos huevos? Se ve cada vez que se hace una investigación puntual sobre el tema. Detrás de esos huevos hay personas esclavizadas, gran cantidad de animales hacinados, gran cantidad de agroquímicos para controlar esos animales, a los que se les da una comida de mierda. Termina resultando en un huevo de mierda. Y todo eso está alrededor del precio. Obviamente estamos en un país con un 40 por ciento de pobreza y hay un montón de personas que no pueden salir de eso, o que ni siquiera pueden acceder a esos huevos. Acceden a la harina, al aceite, al azúcar y con eso hacen magia. Pero también ahora al haber más información sobre los ingredientes, cuando vas a los barrios empezás a ver otros tipos de organización ...
¿Cómo cuáles?
El armado de huertas, por ejemplo. La mayoría son personas que vienen de saber trabajar la tierra, y no tienen cortados los vínculos con eso. Pueden utilizar sus recursos para generar una realidad diferente. Hay huertas super interesantes en las villas, un montón. Todas esas cosas son mejores. Y después cooperativas de trabajo, como Iriarte Verde y tantas otras, que apuestan a otra forma de economía. Lo que están planteando es “no paguemos salarios de miseria y no pidamos precios de miseria para nuestros productos”. Tenemos la responsabilidad de pensar dietas alrededor de nuestro sistema ético y preguntarnos: ¿Se puede comer carne todos los días y buscar el mejor precio?. La respuestas es no. Por eso hay que pensar menúes diferentes. Es posible si salís del supermercado y dejás de comprar galletitas. La balanza económica en ese sentido empieza a cambiar: lo que pasa es que estamos presos de una dieta que no está buena, y que es cara.
Y a su vez alimentamos un negocio cada vez en menos manos.
La concentración empresaria, el gran conglomerado corporativo se da en todos los niveles que tocan nuestra alimentación. Vos tenés diez grandes marcas que manejan el consumo en góndolas, y tres semilleras que concentran el negocio de agroquímicos y de semillas. Se fueron concentrando. Antes eran diez, ahora son tres. Cuando saqué el libro era Monsanto y Bayer, ahora son Monsanto-Bayer. Estaba Syngenta y ChemChina, ahora son ChemChina-Syngenta. Se van juntando, y lo más probable que algún día sean solamente una. Y cuando más salvada esa corporación, más monstruo se vuelve.
Y más violento.
Cada vez más, y uno ve que el sistema se instala sin que haya ningún tipo de problema. Por ejemplo, el asesinato de líderes y activistas tierra adentro, en Latinoamérica. Van matando a 120 por año. Solamente en Amazonas, en Brasil, matan a 90 personas por año. Son indígenas y campesinos que se quieren quedar en defensa de  su territorio. Y cuando los matan, los corren. ¿Y quiénes aparecen después? Las mineras, las petroleras y sobre todo el agronegocio. Está requetecontra comprobado que cuando la tierra cambia de manos, perdemos todos. Y hay pocas herramientas para defender eso. Que la defensa caiga solamente en ONG, tampoco es una opción. La mayoría de las grandes ONGs también termina haciendo acuerdos con las grandes empresas. Entonces cuando mirás ese escenario, es muy triste. Hay un pueblo en Córdoba (Colazo) que se lo está tragando el suelo. Se está derritiendo porque es tanta la cantidad de soja y cómo cambiaron las napas de agua. Es terrible... Y después entrás a un supermercado y ves que la gente está anestesiada, no lo ven.
En Malcomidos se ve cómo, más allá de muchas políticas progresistas, el kirchnerismo no hizo más que profundizar el modelo del agronegocio. Ahora, encima, está Etchevehere al frente del ministerio de Agroindustria...
Es un subrayado de los mismo. La idea de que el desarrollo impone un modelo productivo es absolutamente errada y suicida, pero es el modelo que tienen todos los gobiernos de la región. Hasta el de Evo. Vas a Bolivia y te dicen que no hay soja transgénica, pero yo volé en varios avioncitos y ves hectáreas y hectáreas de soja. Y no pararon de deforestar, por eso ahora se inunda todo el norte. Y andás por los pueblos y la comida es riquísima pero lo que come la gente es el mismo pollo de mierda, industrial. Con la misma papa, la misma Coca Cola. Está esa idea de que solamente la industria y el agronegocio da trabajo y que lo otro es un retroceso. Y que somos países en vías de desarrollo permanente y que el desarrollo se consigue por esos medios. Hay gente que dentro de ese discurso puede parecer un poco menos siniestra, y gente como Etchevehere, que decís, “ah bue, pusieron al Guasón”. Lo que sí por lo menos es más evidente. Lo que pasaba con el kirchnerismo es que había un montón de buenas almas confundidísimas.
¿A qué te referís?
No entendían. Por ejemplo yo fui a un montón de medios y en todos, todo bien, pero en el único lugar donde me bajaron tres veces fue en Canal 7. Estaba invitada en un programa y alguien llamó y me tuve que ir. Estuve en Canal 13, en Metro -incluso auspiciada por Monsanto-, y en en cantidad de canales, pero en Canal 7, durante el kirchnerismo, era imposible hablar de determinadas cosas, como por ejemplo del agronegocio.
¿Cuánto tienen que ver los medios en que no se hable de lo que hay que hablar en cuanto al sistema alimentario?
Por un lado obviamente está la conveniencia comercial de contar una sola manera de desarrollar negocios alrededor de la producción de alimentos y todo lo que es nuestra alimentación. Eso está y es evidente, están los suplementos de agronegocios de los diarios, están las marcas como espónsors de los espacios periodísticos. Pero es una lectura un poco parcial. Porque eso son los medios, pero después están los periodistas, que somos individuos que, la gran mayoría nos gusta nuestra profesión, nos gusta lo que hacemos, y en ese sentido lo que fui encontrando a medida que avanzaba en la comunicación del trabajo que había hecho, fue al contrario. Una apertura enorme, en diferentes espacios y una gran recepción. Obviamente gente negada hay en todos lados, que no se interesa por el tema y que prefiere quedarse con la versión Cormillot de la vida.
¿Qué sería la versión Cormillot de la vida?
La comida con calorías, que no hay otra manera de darle de comer al mundo que ésta, sino la gente se moriría de hambre. Toda esa gran versión mentirosa que nos hace creer que no hay otra salida está instalada en muchas personas.
¿En la región hay políticas públicas para bajar el consumo en supermercados o comer realmente mejor?
De comunicación sí. En Brasil, en Chile están haciendo un montón desde el Ministerio de Salud. Chile hizo todo un sistema de sellos para rotular la comida y explicar a la población que tenía la comida ultraprocesada. Brasil hizo dietas alimentarias que rigen políticas públicas que buscan desalentar a las personas que vayan a los supermercados y pidiendo que vayan a los mercados. También es interesante el plan de compras a cooperativas en San Pablo, que el mismo gobierno se vuelve comprador y le da privilegios a los que estén produciendo con agroecología u orgánicos. Y esa es la comida para los comedores de los colegios. Todo eso está. Pero a su vez, en Chile al mismo tiempo las salmoneras son megafuertas, las mineras son megafuertes. En Brasil el agronegocio ni hablar. Se están comiendo toda la selva y están haciendo estragos.

RAFAEL NAHUEL, EL CRIMEN "INVISIBLE"
“Los pueblos originarios son la reserva que nos queda. La reserva de conocimientos, de semillas, de todo”, dice Soledad Barruti con cierta resignación, justamente por ver cómo se los trata en nuestro país: “Es como si no existieran, no les importa a nadie. Santiago Maldonado era blanco y todos estaban ahí. Y si bien se pueden tener dudas y hasta se puede hablar de pruebas, de grieta y de un montón de cosas, lo cierto es que cuando mataron a Rafael Nahuel de un tiro en la espalda -que es todavía más siniestro, porque está toda la prueba ahí-, no hubo una marcha, nadie se concentró, no fue Trend Topic en Twitter. No pasó nada. Se acuerda Darío Aranda, que es un periodista incansable en estos temas, diez más, y la izquierda cada tanto. Y ya está. Es una crisis de sentido. Hay una invisibilización importante todo el tiempo”.

lunes, 23 de abril de 2018

Defensa contra el Glifosato

De Iprofesional

Monsanto, en la mira: cada vez más ciudades prohíben el glifosato tras pruebas que relacionan su uso a la proliferación del cáncer

Gualeguaychú aprobó la prohibición de uso en el ejido y se suma a las ciudades y pueblos que buscan alejar las pulverizaciones de los centros urbanos. Rosario, capital de la soja, hizo lo mismo en diciembre. Expertos alertan sobre la explosión en los indicadores de cáncer y otras dolencias 

Por Patricio Eleisegui
Monsanto, en la mira: cada vez más ciudades prohíben el glifosato tras pruebas que relacionan su uso a la proliferación del cáncer
El "No" más cercano cobró forma el lunes de esta semana.
En votación dividida, el Concejo Deliberante de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, aprobó una ordenanza que prohíbe la comercialización y el uso del herbicida glifosato en todo el ejido de esa ciudad.
Se trata del plaguicida clave para el cultivo de la soja transgénica aunque, por presión comercial de compañías como su creadora Monsanto, las pulverizaciones con el químico se han vuelto una constante en las últimas dos décadas incluso en plazas, parques, vías y predios en general del grueso de las poblaciones agrícolas del interior de la Argentina.
El principal argumento al que apeló la mayoría de los legisladores de Gualeguaychú para vetar las aplicaciones con el herbicida radica el dictamen de marzo de 2015 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), vinculada a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que declaró que existe evidencia suficiente para relacionar al glifosato con, precisamente, la proliferación del cáncer.
Pero lo ocurrido en la ciudad en cuestión lejos está de representar un evento aislado. Muy por el contrario, la prohibición fijada se inscribe dentro de una ola de cuestionamientos y límites a la utilización del químico que ya suma varias plazas en provincias como Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe o la misma Buenos Aires.
Según sendos especialistas del sector sanitario y legal consultados por iProfesional, en la actualidad cerca de 400 ciudades y pueblos del país mantienen vigentes o discuten limitaciones a la aplicación de plaguicidas dentro o cerca de núcleos urbanos.
La gran "peso pesado" en dar el primer paso en términos de veto a la aplicación de glifosato fue Rosario, la capital nacional de la soja.
En diciembre pasado, el Concejo Municipal de esa ciudad dio luz verde a un proyecto de prohibición concebido por Osvaldo Miatello, legislador por el bloque Compromiso con Rosario, y la normativa quedó firme precisamente durante los últimos días de 2017.
"La normativa establece un precedente tanto para la provincia como para toda la región. La ordenanza fija pautas, obligaciones, sanciones, que deberá coordinar Ambiente. Ahora lo que queda es ver de qué manera se llevarán a cabo los controles", comentó Miatello, en diálogo con iProfesional.
El texto desarrollado por el funcionario fija sanciones por hasta 500.000 pesos para quienes incumplan la ordenanza. Al mismo tiempo, erradica la comercialización del glifosato en supermercados, una práctica denunciada por el mismo legislador.
"Si bien Rosario no es el primer distrito que fija una prohibición así, lo impuesto tiene una enorme potencia simbólica por todo lo que significa la ciudad para el modelo agroindustrial. Por algo los actores que promueven el uso de glifosato ejercieron presión sobre los ediles para que no se apruebe la ordenanza. Sabían que luego se iba a dar lo que ahora ocurre: una ola de contagio", sostuvo ante iProfesional el doctor Damián Verzeñassi, titular de Salud Socioambiental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rosario (UNR).
Ya en febrero, Sergio Varisco, intendente de Paraná, promulgó una normativa que también prohíbe las pulverizaciones con el herbicida aunque, conviene aclararlo, el mandatario vetó un artículo que inhibía la venta y el traslado del compuesto dentro del ejido de la capital entrerriana.
El texto de la ordenanza, según pudo constatar iProfesional, destierra el uso total de "agroquímicos biológicos de uso agropecuario destinados a la fumigación o a la fertilización agrícola y/o forestal, y/o espacios verdes, que contengan glifosato y agroquímicos derivados".
Pocas semanas después, en marzo, el sector político de la localidad de Marcelino Escalada, ubicada en el departamento santafesino de San Justo, puso en vigencia la prohibición de las pulverizaciones con agroquímicos a menos de 500 metros de cualquier zona habitada.
El antecedente a dicha decisión hay que ubicarlo en lo sufrido por Diógenes Chapelet, un vecino de 75 años fallecido en enero último luego de una extensa agonía. Chapelet fue rociado dos veces con plaguicidas en el transcurso de noviembre de 2017.
Chapelet habitaba una vivienda lindera a dos campos que fueron fumigados en la previa al verano. La última de las pulverizaciones lo sorprendió en el patio de su casa. Luego llegaron los broncoespasmos, las manchas en la piel, y el traslado a un centro de salud en el marco de un sufrimiento que concluyó con una falla multisistémica, según los reportes médicos.
Marzo también fue el mes elegido por el Concejo de la ciudad santafesina de San José del Rincón para erradicar la posibilidad de uso del glifosato en todo el ejido municipal. En esa misma provincia, ahora discuten la imposición de una medida similar la capital Santa Fe, Recreo, Esperanza y Pueblo Esther.
Durante abril, en tanto, Concordia estableció un veto al mismo producto que incluye entre sus argumentos el vínculo entre el herbicida y la proliferación del cáncer demostrada por IARC.
En uno de sus artículos, la legislación fijada en esa ciudad impone, además, la obligación municipal de "realizar campañas de concientización sobre los tratamientos alternativos para el control de malezas e insectos tendientes a lograr una mejor calidad de vida de los habitantes...".
En otras palabras, sienta las bases para la migración a métodos que excluyan de plano las mezclas de agroquímicos.
"Lo que viene sucediendo confirma que, cuando se organizan y movilizan, las sociedades pueden instalar en el sector político preocupaciones como el control de los agroquímicos. En Entre Ríos, por ejemplo, se vienen realizando rondas todos los martes en casi todas las ciudades pidiendo el freno a las fumigaciones. Son herramientas de resistencia que explican los grandes avances que se dan en estos días", aseguró Verzeñassi.
Contactados por este medio, ejecutivos tanto de la multinacional Monsanto como de CASAFE, la cámara que aglutina a los fabricantes de plaguicidas en la Argentina, quedaron en pronunciarse respecto del impacto de estas medidas en sus respectivas estrategias de negocios.
Lo cierto es que los argumentos de ambos actores finalmente nunca llegaron.

viernes, 20 de abril de 2018

Segundo éxodo en el Delta


¿Resistiremos un segundo éxodo del Delta?
Algo más que un whats up, es una historia inconclusa
                                                                       Por Martín Nunziata
En 1978 cuando llegué al Delta para vivir aquí, en el Río Carapachay, aún pasaban chatas cargadas con mudanzas en dirección al continente. Luego supe que era el final de un éxodo masivo de isleños, casi todos productores mayormente de frutas, aunque también de mimbre, de formio, y forestales. Motivos atribuibles, según algunas versiones, a grandes inundaciones en algún caso y en otras a un comercio desleal y falto de respaldo del Estado para ayudar en los procesos de comercialización.

En el año 1984, hicimos un estudio más profundo con indagaciones que realizamos recorriendo el Delta. Las conclusiones dieron origen a la presentación de un Proyecto de ley en el Congreso de la Nación ese mismo año, estrenando así el regreso a la Democracia y que se titulaba a propósito de ese éxodo “Repoblación y Desarrollo del Delta del Paraná”. Aquél Proyecto tuvo aprobación en la Cámara de Diputados y el Senado nunca lo trató.
La soberanía que pretendíamos conquistar con aquella guerra de locos que tuvimos en 1982 por las Malvinas, nos costó una herida que hoy aún, sigue abierta. Con muertos, heridos, y una deuda que entonces le agregó 4.500 millones de dólares a la entonces abultada Deuda Externa.
Mientras tanto, nuestras islas del Delta, a sólo 30km de la Capital Federal, quedaban después del éxodo, con una población de apenas 2000 habitantes. Daba lástima, dolía ver las quintas de producción abandonadas con sus estructuras productivas aún visibles, frutales en medio de la maleza, casas que se venían abajo y embarcaderos con techo, entrada para la canoa isleña y estantes en altura repletos de canastos vacíos para llevar la fruta a granel al “Puerto de Frutos”.
Así fue como se resignó sin resistencia alguna, la soberanía de un territorio insular de alto valor ambiental y social sobre el cual ningún gobierno desde las dictaduras hasta nuestros días, se interesaron.
Y así fuimos llegando a los años ’90 sin ninguna política de gestión social y eco regional, como Delta Fluvial, como Humedal. Y es entonces en esa década, a expensas de una política económica (capitalismo salvaje) que se destruye lo poco que quedaba de soberanía y el Municipio de Tigre abre sus puertas a los “Ganadores del Sistema”. Financistas y desarrolladores inmobiliarios (especuladores de toda laya) que habían comenzado sus negocios espúreos con la última dictadura, se lanzaron con la complicidad de los gobiernos municipales, provinciales  y nacional, a la compra y ocupación de tierras baratas, en algunos casos desalojando población preexistente.
Entre esas poblaciones, estábamos los isleños. Sin representación institucional, tuvimos que detener unos pocos isleños conscientes, a lo más granado de la sociedad opulenta que de la mano del entonces intendente Ricardo Ubieto, comenzaba la tarea de transformar Tigre en un territorio de Alta Gama, con una inmensa sucesión de Barrios Privados Cerrados, que hoy ocupa el 50% del Territorio Continental con las consecuencias ya conocidas:
Destrucción de la trama social, inundaciones al elevar el suelo por sobre la cota de la marea máxima, destrucción del Humedal y con ello todas las funciones del mismo (filtrado y purificación del agua, recarga de acuíferos, regulación de mareas, fijación de carbono, producción de oxígeno y diversidad biológica) Nombres como Rockefeller, Robirosa, Beccar Varela, Constantini, Soldati, O’Reilly, Schwartz, Britos, Ignoto, y empresas como Consultatio, Comercial del Plata, Super Cemento, Pentamar, Dyopsa, Eidico, son sólo una pequeña parte de la nueva conquista. De la mano de los más encumbrados “representantes del pueblo” se lanzaron sobre estos territorios de zona Norte hoy casi un país aparte con obras de infraestructura financiadas y autorizadas por los municipios, gobierno de la provincia de BsAs (y todos sus organismos de contralor) y de la Nación.
El Delta comenzó también a estar bajo la lupa de esta nueva conquista. La diferencia fue que aquí encontraron “resistencia” y no pudieron llevar a cabo la entrada a la isla del mismo modo que en continente. Me refiero al Camino Isleño que intentaron luego de la reforma de la Constitución del ’94 que nos dio algunos Derechos Ambientales y la Ley 11723 (Ley Integral del Medio Ambiente de la Prov. de Bs.As.) que supimos aplicar con el defensor del Pueblo de la Nación. Al no tener Declaración de Impacto Ambiental quedaron en la ilegalidad. Le ahorramos al Pueblo de la Provincia y su deuda externa, 30 millones de dólares que se hubiesen gastado para un puente que cruzaba el Río Luján y una autopista que uniría continente con el Río Paraná. El impacto negativo ambiental hubiese sido una catástrofe. No pudieron entrar por allí.
Comenzamos entonces la tarea de tratar de preservar al Delta con varios Proyectos: “Area Protegida”, “Sitio Ramsar”, “Presupuestos Mínimos Ambientales” y “Régimen de Protección Socio Ambiental para el Delta de Tigre” que en 2013 desembocó en agónico “Plan de Manejo” hoy aún vigente.
Hubieron otros intentos menores que abortaron. En 1999 Rockefeller desembarcó en Tigre centro con un proyecto de 3 torres de 35 pisos, donde hoy está la Oficina de Agencia de Turismo de Tigre y las Amarras Isleñas Hugo del Carril que fracasó.
En el año 2000 grandes movilizaciones se manifestaban en Tigre por el Desvío del Río Reconquista  por el Canal Aliviador (Pista Nacional de Remo) que impactó fuertemente sobre el Delta con la contaminación del Río Reconquista no resuelta.
En el 2001 y 2002, Soldati con su Proyecto Delta del Plata intenta otro Mega Emprendimiento en el Delta desplazando isleños y clavando cartelitos de “propiedad privada”. Con una superficie inicial de más de 500hs ubicadas en la primera sección de islas y que se conectaría con San Fernando a través de un puente. Es detenido por la acción decidida de Organizaciones Isleñas.Se pararon otros emprendimientos menores en el río Carapachay como “Poblado Isleño” y otros.
Hacia 2008 comenzó Colony Park, seguramente una lucha conjunta que fue emblemática, y que finalmente fue detenida. Este emprendimiento argumentaba en su estudio de Impacto Socioambiental lo que transcribo textualmente:
“Pág 27 del EIA , punto 53 A: El estrato social receptor principal de los beneficios de esta urbanización, es un sector poblacional que no tiene hoy día presencia permanente en las islas aunque sí de fin de semana. Este desembarco masivo de una población que a priori elige no integrarse, genera frentes de potencial conflictividad y degrada la identidad asociada a la región deltaica, sus historias y tradiciones.”
“Pág.29 del EIA, punto 44 A , Relocalización de Población:El aumento del valor de la tierra, lleva él un desplazamiento de la población que no puede sostener económicamente una presión fiscal creciente.El tipo de urbanización, cerrada y aislada, busca evitar la integración social. Al mismo tiempo, se impone la discontinuidad y la inequidad social dadas por lo abismal de las distancias que separan uno y otro estrato social a la vez que coexisten en lugar y tiempo. Se adjuntan fotos en las que se pone en evidencia la falta de confort que es parte de la calidad de vida de pobladores locales.”
A confesión de parte, relevo de pruebas. POR EXCLUSIVOS “SON EXCLUYENTES”.
La caída del Colony Park fue el origen del Plan de Manejo del Delta a través de un Proyecto de Ordenanza que presentamos en 2010 en HCD ( Honorable Concejo Deliberante) de Tigre y que se titulaba “Régimen de Protección Socio Ambiental para el Delta de Tigre”.
En el 2015 también con la participación de varias organizaciones socio ambientales, se logró detener Remeros Beach, otro Mega Emprendimiento sobre Valle de Inundación.
Todos los gobiernos avalaron el avance de este “Modelo de Desarrollo Urbano Privado Cerrado”. Y lo hicieron aprobando sus proyectos o con un guiño en contra de leyes ambientales, del uso del suelo y de la “Planificación Urbana Social Inclusiva”.
Así se regaló la “Soberanía Territorial” y se les financió la obra pública de conectividad vial, provisión de agua y cloacas, energía y toda la seguridad jurídica necesaria para la conquista.
La nueva planta de AySA Juan Manuel de Rosas de Dique Luján, mega obra de varios miles de millones, trae el agua del Río Paraná, es decir, del Delta, y los primeros contratos de concesión los realizaron con los recién llegados: los barrios privados.
El troncal de distribución de agua potable pasa -¡oh casualidad!- por los barrios cerrados igual que las estaciones del tren que quedaron comprendidas entre Pacheco y Zárate. Sin embargo, el Delta, es el proveedor del recurso AGUA. Nosotros los isleños NO estamos contemplados en el Plan de Provisión de Agua Potable. ¿Tendremos que cobrar regalías por explotación del recurso agua y así financiar junto a otros ingresos nuestras necesidades?
El último cambio de gobierno marca una etapa decisiva poniendo a prueba a la población isleña. Si bien siempre fuimos discriminados, las actuales medidas, todas, tienden a dificultar la vida en esta región insular al punto de reinstalar la idea de un “nuevo éxodo isleño”. Provocado por el abandono de políticas de promoción por parte del Estado, que fomenta, en cambio, el desplazamiento de la población actual.
Medidas como el cierre de escuelas del Delta (nadie se había animado a tanto) que sólo se desactivó por la movilización de distintos actores sociales pero que habrá que sostener porque la Gobernadora Vidal anunció que era sólo por este año. Se han cerrado estaciones de servicio que afectan la provisión de combustibles en todo el Delta. Se prohibió a lanchas de pasajeros y almaceneras llevar combustible. Los alimentos se encarecen por la política económica actual. Los pasajes de lanchas colectivas son más caros que el transporte aéreo en relación a los kilómetros recorridos. El transporte público isleño no tiene tarjeta SUBE.
Un nuevo tipo de turismo privado invade el Delta con sus embarcaciones produciendo impactos ambientales negativos, graves accidentes incluso muertes, por navegación temeraria e irresponsable. Operadores turísticos que explotan el paisaje insular hablando de los isleños, nos llenan de ruido, polución, rotura de amarras, erosión de nuestras costas (lo más caro de mantener en la isla) y destrucción de nuestros muelles.
También se ven carteles de “propiedad privada” sobre las islas en formación en el frente del Bajo Delta. Una más de las conquistas en tiempos en que el Estado está más del lado de los negocios que en la defensa del Humedal, del territorio, y de los pobladores isleños.
Un nuevo perfil social asoma tras estas medidas nada inocentes que buscan un cambio de target o perfil social, apropiándose de un territorio.
Y es aquí donde “Todos somos Mapuches” –salvando las diferencias. Somos sujetos de expulsión. A no engañarse, otra vez con que “darán trabajo,” “respetarán nuestra identidad y nuestra geografía”.
Agreguemos la contaminación del agua. No sólo por el Río Reconquista –que basta ver el Río Tigre, que es el mismo río- para entender lo que estoy diciendo. Sino además el uso indiscriminado de agrotóxicos y herbicidas que naturalmente van por escurrimiento hacia las vías y espejos de aguas. Terminan envenenando nuestros ríos y como consecuencia a todas las especies y nosotros somos una especie más.
Me pregunto entonces: ¿Cuál es el sentido del reclamo sobre las Islas Malvinas (que por supuesto comparto) si a los isleños cuando no nos ignoran nos quieren expulsar del territorio del Delta?
Y es ésta la pregunta que da origen al título: ¿Nos resistiremos a un segundo éxodo?
Nadie aceptaría dentro de un consorcio o de un barrio privado, que funcionarios extraterritoriales, impongan normas de procedimiento y de convivencia sin conocer ni lo más mínimo el lugar. Para cualquier gestión hay que salir del Delta, ir al Municipio, a la Provincia o a la Capital.
Entonces, por qué no pensar en gestionarnos nosotros mismos, comenzando por proponer una Dirección de Islas pensadas por y para isleños? Esto se llama empoderamiento. Es un principio de autodeterminación, con vías a la autonomía.
Autodeterminación significará entonces que nosotros, los isleños, decidiremos sobre todas las cuestiones relativas a nuestra condición y necesidades: Recursos Naturales (bienes comunes), economía, educación, salud, servicios, producción, comercio, turismo, cultura e identidad.
Por supuesto que no todo es armonía entre los isleños, pero queremos discutir entre nosotros cómo organizar nuestra vida en el Delta. Establecer nuestras Políticas Públicas, manejar Nuestros Recursos, y sobre todo, “pensar el Delta desde el Delta”, con sus características fluviales y de inundabilidad naturales, que hacen a los beneficios que los Humedales prestan a la Humanidad. Es decir, para conservar la población isleña, hay que prioritariamente preservar el territorio.
Y para salvar al Delta, unirnos, empoderarnos, y decidir nuestro destino isleño.
Parafraseando a Fito Páez:
“Quién dijo que está todo perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.
¿Y si todos ofrecemos el corazón? De un Yo a un Nosotros, quizá funcione.
Me gusta, a pesar de todo, seguir pensando que “Un Mundo Mejor es Posible”.
                                                                                  Abril de 2018
                                                                                Martín Nunziata
                                                                          martindelaisl@gmail.com